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Violeta Urtizberea, en pleno éxito de Envidiosa: "No le creo a la gente que no envidia nada"

Mientras disfruta del éxito de “Envidiosa”, charlamos con Violeta Urtizberea sobre maternidad, su historia de amor con Juan Ingaramo, los miedos y del arte de aceptar el paso del tiempo sin dejar de disfrutar.


Fotos de William Kano

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Estilismo deManu Aversa

Violeta Urtizberea

Vestido y botas de denim (Diesel).  - Créditos: William Cano



Desde su última tapa en OHLALÁ! -¡hace más de 10 años!-, la vida de Violeta Urtizberea cambió un montón, pero hay algo en su esencia que sigue intacto: esa mezcla de humor, sensibilidad y cierta liviandad con la que se toma las cosas que le pasan. Hoy, a los 41, la actriz está en un momento de plenitud donde conviven la maternidad de Lila, su hija de 6 años, su historia de amor con Juan Ingaramo y una carrera que no deja de expandirse: acaba de estrenar la última temporada de Envidiosa y de terminar el rodaje de Felicidades, donde fue dirigida por Álex de la Iglesia. Lejos de las exigencias y los mandatos, se reconoce como una disfrutadora de la vida, habitando el paso del tiempo con calma, sin perder de vista lo que realmente importa. Con ella charlamos de sus miedos, de los vínculos, de la crianza sin rótulos y de cómo reinvindicar la sensibilidad como valor.

 

La última vez que fuiste tapa de OHLALÁ! tenías 27 años. ¿En qué momento te encuentro hoy, con 41 años? ¿Te cuesta un toque el “cuarenti”?

No, está bien. Tiene sentido con todo lo que he pasado. Me siento re joven igual, pero lo único que me puede llegar a dar impresión es sentir que… “¡Ah, esto no para!”. Todo pasa rápido. Cuando uno la está pasando bien, pasa rápido, y yo la paso bastante bien, por suerte. Así que sí, pienso que un día voy a decir “ah, ya tengo 50”. Y como a mí me gusta mucho la vida y la disfruto mucho, me da como pena eso de “se me va”, esa sensación. 

¿Te preocupa el paso del tiempo en tu imagen? Ahora hay una movida de las actrices bancando el envejecer sin tocarse. ¿Estás en esa, de bancar el paso del tiempo? 

No sé. Por ahora no me hice nada y soy muy cagona con esas cosas, me da mucho miedo verme rara. Me parece un poco monstruosa la idea de hacerse algo y verte distinto, y que la gente se dé cuenta, pero entiendo perfecto que la gente se quiere hacer cosas… y no sé si yo en algún momento también lo haré. No tengo una bandera al respecto. Lo que sí me pasa es como que hay algo de que lo fueron probando otros, y digo: “Che, no queda bien” (risas). Me parece que no te hace más joven.

¿Y sos de decirle, por ejemplo, a una amiga: “Che, no te quedó bien” o la bancás?

Y… es delicado. Quizás si ya se le fue el efecto, le digo “no estaba bueno”, cuando ya está, porque si la pobre viene ahí y yo le digo “mmm…”, me parece que la voy a hacer sentir mal.

Muy Lu Pedemonte sería eso…

Sí, obvio. Claro que a veces uno necesita una Lu Pedemonte en la vida, o sea, alguien que te diga la verdad. Pero no sé si yo quiero ser esa persona. No me la banco. Si le veo la cara de que la pobre se angustió con lo que le dije, me voy a sentir muy culpable. Y tampoco me gusta esa gente que está: “Ay, te hiciste algo”, como descubriendo el truco. Dejame tranquila, ¿viste? Como que la idea es que nos hagamos los boludos. Entonces digo, no tengo la verdad. Entiendo y me gusta que haya unas ganas de que la gente no se toque más y decir: “Che, mostrémonos todas naturales”, porque también es verdad que es un acuerdo entre todas, porque si no la única que envejece es una. Pero, a la vez, ya te digo, yo no siento que la gente que se esté tocando demasiado la cara se vea más joven.

O que las caras empiezan a parecerse, eso también es un peligro…

Y eso, para una actriz, me parece que no está bueno. Después, yo como espectadora, cuando veo películas o series y veo caras con expresión, lo agradezco. Decís: “Ay, qué lindo”. También encontrás la belleza en eso, ¿no? Pero bueno, es más difícil a veces bancarse lo de uno mismo que lo del otro, ¿viste? Entonces yo entiendo que haya ganas de acomodar cosas, porque obviamente acomodaría un montón de cosas. 

¿Sos muy exigente con vos misma? ¿Te cuesta a veces parar y decir “soy buena para esto”?

Soy bastante exigente, sí. Cuando me preguntan a qué me dedicaría si no fuese actriz, ahí me agarra como… no sé si sé hacer muy bien otra cosa. Pero sí te puedo decir: sí, sé hacer un asado, soy buena anfitriona, soy práctica, sé resolver cosas. Muchas veces pienso que sería buena productora. No sé si tengo el carácter, porque soy un poco sensible y hay que ser un poco más impermeable. Por eso tengo pequeños talentitos, chiquitos, modestos.

¿Por qué sentís que Envidiosa tocó una fibra en las mujeres, especialmente? ¿Cuál sentís que fue la clave?

Siento que fueron varias cosas, pero principalmente me parece que mostrar el lado B de una heroína, con contradicciones, con sentimientos no tan lindos, hace que uno se sienta más identificado que con esa heroína que es buena, ingenua y que solamente tiene pensamientos bellos y positivos. Son sentimientos como del bajo vientre, la envidia…

Y tan humanos, al mismo tiempo, como que todos lo tenemos.

Sí, o sea, si alguien te dice “no, yo nunca envidié nada”, yo no le creo. A mí me gusta más la gente que se muestra, que muestra sus debilidades.

Violeta Urtizberea

Pantalón de cuero (Paula Cahen D´Anvers, $895.000), campera cuero (Calvin Klein). - Créditos: William Cano

“Si alguien te dice ‘no, yo nunca envidié nada’, yo no le creo. A mí me gusta más la gente que se muestra, que muestra sus debilidades”

Violeta Urtizberea

¿Y vos, qué rol cumplís en tu propio grupo de amigas? Porque imagino que no sos para nada una Lu Pedemonte…

No sé, creo que intento no ser una amiga demandante. Con los años cada vez tengo más convicción sobre eso. Siento que cuando me encuentro con gente muy demandante pienso: “Ay, pero eso nos pasaba a los 15 años”, ¿no? Tampoco tengo ganas de estar en todos lados, no me importa si no me invitan, que se junten entre ellas… Eso es un alivio que te dan los años: que ya no querés estar en todos lados. Ya decís “no, estoy bien acá, está bien”.

¿Y en qué lugares sí tenés la certeza de que querés estar hoy, para poner tu tiempo y tu energía? 

Bueno, en mi casa me encanta estar. Me parece una obviedad, pero la verdad, ahora Lila tiene seis años y me divierto mucho con ella, como que es un planazo, que quizás cuando era más chiquita había una sensación más de que alguien te la agarre, ¿no? Y también como una lucha más con Juan de “bueno, hoy salgo yo”. Ahora los dos decimos “no, yo me quedo en casa con Lila”. Lo hacés plan. Obvio que nos encanta salir, por supuesto, pero para mí es un gran plan estar con ella. Y después también a mí me encanta trabajar, entonces cualquier cosa que tenga que ver con mi trabajo me divierte, o sea, todo lo que tenga que ver con actuar. Y estar con mis amigas también me gusta mucho.

Ahora que Lila tiene seis, ¿qué desafíos tenés como mamá? ¿Hay algo que te cueste?

Bueno… a ver, es complicado. Siento que lo que a mí me desafía de la maternidad es aprender a acompañar y no poner cosas mías. Muchas veces me encuentro angustiada por cosas que me cuenta ella, que a mí me hubiesen angustiado de chica, y quizás a ella no. También entender eso: que ella es otra persona, entonces tratar de ir acompañando su personalidad de la mejor manera posible y darle herramientas, ¿no?, para que pueda transitar las cosas de la mejor manera posible, pero sin asumir que necesariamente le van a pasar las mismas cosas que me pasaron a mí. Eso es algo que todo el tiempo estoy observando. También no poner en palabras cosas como “vos sos así”, decirle a tu hijo cómo es. En eso tengo bastante cuidado. A veces es complicado no hacerlo, pero trato de no ponerle el rótulo. Por ejemplo, ella tenía una etapa en la que estaba medio tímida y cada vez que alguien decía “es tímida”, yo decía, ¡sí, es tímida! Y te queda. Y después uno cumple ese rol que te pusieron a los cinco años y ya está, como que no te podés correr del personaje.

¿Te pasó a vos misma que tuviste ciertos rótulos de chica que después tuviste que sacarte?

Sí, obvio. Es que los padres te nombran… yo siempre fui muy sensible, lloraba mucho en el colegio, de emoción, de tristeza… de todo, llanto, llanto, llanto.

Pero nunca bullying, ponele...

No, la verdad, por suerte no, pero todo me pegaba. Había, no sé, un acto de las Malvinas y yo llorando emocionada, todas mis compañeras miraban como “¿qué le pasa a esta loca?”. O si había pruebas, lloraba porque no sabía nada… todo era un drama. Pero la verdad que, por suerte, no me bullinearon porque era bastante… bullineable. Se ve que también tenía una gracia, me reía, hacía cosas que ayudaban a que eso… no sé, lo camuflaba un poco. 

Sí, el humor ayuda mucho…

Ayuda mucho. Muchas veces, incluso cuando Lila me cuenta cosas que le dicen en el colegio, le digo: “Vos reíte, ya está, anulás todo con la risa”. No sé si me entiende. Pero la verdad que siempre pienso que es el mejor consejo: si se ríen de algo de vos, reíte vos más y ya está. Lo peor que podés hacer es “no me digas eso”, porque ahí lo alimentás más al monstruo. Pero bueno, creo que con los años me fui poniendo una coraza, incluso a veces puedo pasar por insensible. Mis amigas me dicen: “Abrazame, decime que me querés”. Y yo… no puedo. 

¿A dónde se te fue toda esa sensibilidad? Como que la tapaste…

La tapé. Igual lloro un montón, eh. Y el llanto no lo puedo evitar. Lloro por todo. Todos los días lloro. Es catártico. A mí me hace bien, a veces me da vergüenza, por supuesto. 

Está bien reivindicar la sensibilidad, porque este mundo también nos lleva a ponernos la coraza por todas las cosas que pasan, que uno a veces se tiene que blindar. Es peor vivir blindado que vivir sensible.

Sí, total. De chica tuve que poner una coraza porque si no era cualquier cosa. Y la puse y me fui un poco de mambo. Me cuesta demostrar amor. No sé, físicamente soy un freezer. Me sale con mi hija. O con Juan, pero él me pide más. A mí me abrazan y me quedo así, dura. Pero recontra, siento como una imposibilidad mía. No es que no me gusta que me abracen, no sé hacerlo. Pero bueno, sí, igual ya te digo, sigo siendo muy sensible y cada vez más. O sea, es como que di la vuelta. Pero ahora me da la sensación de que tiene que ver también con los años. 

Violeta Urtizberea

Jean y top (Diesel), trench (Perramus, $442.000). - Créditos: William Cano

El otro día vi que posteaste que cumplieron 11 años ya con Juan. Es un desafío sostener en el tiempo una pareja, más cuando hay hijos de por medio. ¿Cuáles son las herramientas que construyen juntos para seguir eligiéndose? 

Momentos de diversión. Nosotros salimos juntos, bailamos, nos reímos. Eso no lo abandonamos para nada. Vamos a la casa de amigos, a fiestas. En general salimos en casas, ya no vamos a boliches, ponele. Nos gusta, no sé, capaz bailás hasta las 5 de la mañana. Divertirse, para mí eso le hace muy bien a una pareja, porque si no todo se vuelve como adentro de la casa y los problemas de la convivencia, que a veces son enajenantes. Si no podés romper con eso… y realmente divertirse lo rompe. Ver al otro cagándose de risa, lo volvés a ver lindo, no diciendo: “no compraste las zanahorias”, ¿viste?

¿En qué momento de la convivencia medio que lo odiás a Juan? Que le dirías: “me iría a vivir a otro lado”.

Muchísimos. Con cosas del orden. A él no le molesta que haya muchas cosas arriba de la mesa, ponele. A mí me gusta ver las mesas sin nada. Entonces yo voy sacando todo lo que él va apoyando. Después es súper higiénico y muy ordenado con sus cosas, principalmente. Entonces en eso no puedo decir nada. Pero sí, hay algo como un desorden que a él no le molesta y a mí me molesta mucho. Y yo ya entendí un poco que lo tengo que resolver yo y no estar marcándole a él cada cosa, porque si no, se vuelve una guerra. Entonces ya está, lo ordeno yo. A mí me molesta, lo ordeno yo, por más que sean sus cosas. 

Y a nivel paternidad, ¿cómo reparten tareas? ¿En qué es bueno en la crianza de Lila?

Y está súper repartido, la verdad que es un padre recontra presente, muere por Lila, muere de amor. Eso también me une mucho, como amar así intensamente a la misma persona es hermoso. Muchas veces pienso, y me da tristeza, qué feo debe ser para una madre que, más allá del padre ausente, no entender cómo esa otra persona no se muere de amor por ese hijo por el cual vos estás loca de amor. ¿Cómo no te volvés loco por esta persona? Bueno, por supuesto, hay cosas de las que yo siento que me ocupo más, que son las cosas más prácticas: médicos, turnos, qué tiene que llevar para el colegio, la rifa, el coso, la cartulina, de todo eso me ocupo yo.

La famosa carga mental, que a veces no podemos delegar...

No, no. O si no, le anoto en un papel, pero no lo puedo dar por hecho. O sea, los dos estamos en el chat de papás y él, no sé por qué, no lo mira. “¿Pero viste que había una rifa, te acordás?”. No, él ya está, él se relaja, total lo hago yo. Eso es así, me parece que pasa en casi todos los matrimonios. Después siempre hay una excepción, obviamente, que confirma la regla, pero en general la regla es que las mujeres tenemos toda esa carga mental. 

En alguna entrevista dijiste que si vos fueras el padre, tendrías tres hijos más. ¿Lo seguís sosteniendo?

Sí, claro. Por esto que te digo de la carga mental, yo a veces pienso: ¿cómo hacés para tener tres personas a las que vos sabés dónde están, quién las va a buscar, a qué hora salen, van a música después? Yo la verdad admiro a esas mujeres que tienen más de un hijo. O sea, ya más de uno es una locura. Y después también poner el cuerpo: todo el embarazo, el parto, el primer año, que es una la que tiene que estar ahí totalmente entregada a ese hijo. Si yo no tuviese que hacer todo eso, tendría otros. Es un montón, es como mucha entrega que el padre no la tiene, al padre le da igual. 

Violeta Urtizberea

Falda y camisa (Ramírez), botas (Oggi, $299.999). - Créditos: William Cano

¿Sentís que también hay como una especie de policía de la maternidad, en donde las mujeres a veces también se ponen a opinar de qué está bien, qué está mal sobre la crianza? Muchas veces las que más criticamos a las mujeres madres, somos las mujeres.

Sí, siempre te diría. A los hombres ni les importa. No tienen ni idea de la crianza respetada, no sé si saben de todo eso.

Muchas veces las mismas mujeres que pedimos la sororidad y las que abogamos por un mundo más feminista somos después las que nos tiramos tierra encima.

No, es que no hay p*** que nos venga bien, porque si estás vieja, porque estás vieja; si estás operada, porque estás operada. Bueno, ¿qué hago? No sé, el tiempo pasa, o se me arruga la cara o me opero toda, ¿no? Si me vas a estar cuestionando por cualquiera de las dos opciones, ¿qué, me muero? ¿me muero a los treinta? Sí, lo recontra veo que se cuestiona todo: si estás flaca, si estás gorda, si estás muy musculosa, si estás fofa, si estás... bueh, no sé cuál sería la opción. Entonces, en ese sentido, me parece que uno se tiene que relajar, porque no hay opción válida, ya está. Y con el tema de la maternidad, siento que ahora hay un auge de volver como a las raíces en cuestión del parto y de la lactancia y de todo eso, que me parece que a veces es demasiado exigente para nosotras, porque también tenemos que trabajar, nos tenemos que realizar como mujeres, tenemos que estar lindas, pero tenemos que parir sin anestesia y dar la teta hasta los tres años. No sé, como todo eso yo no sé, siento que es medio imposible. Entonces, lo que habría que hacer, en todo caso, es respetar la decisión que toma el otro y listo. Si a vos te dan ganas de dar la teta hasta no sé cuánto tiempo, buenísimo. ¿El otro quiere darle complemento? Joya. ¿Querés tenerlo por cesárea programada? Bárbaro. ¿Querés tenerlo en un árbol, colgada? Genial. Esa es mi filosofía.

Nuestro título de tapa es “Transformá tus miedos”, y entiendo que sos miedosa. ¿Qué herramientas usás cuando sentís a veces que el miedo te atrapa? 

Mi hija me dice que yo soy miedosa, porque estoy mucho: “cuidado la cabeza, cuidado en el colegio”. Soy así, no te lo voy a negar. Mamá es miedosa, dice, ¿viste? Pero intento, bueno, calmar. Ya está, uno no puede controlarlo todo. Ahora estamos con el miedo a la muerte. Aparte Lila me habla un montón de la muerte, porque claro, es edad de una angustia terrible, “¿por qué se van a morir, y cuánto van a vivir?”, y yo... ¿podemos cambiar de tema? Y me dice: “¿vos te vas a morir?”. Sí, pero falta un montón, le digo, ¿viste? Y después digo: o no sé. Porque me dice: “quizás no”, me dice ella. Le digo: “quizás no, pero probablemente no me vaya a morir pronto”. Hay algo de la maternidad en que tenés que ponerte en un personaje de contenedor y no tenerle miedo a nada, que te la terminás un poco creyendo. Porque viste que uno, cuando adopta una actitud, como en la actuación, empieza a ser un poco eso. Así que sí, quizás mi técnica es simularlo, que está todo bien. Empezar a creérmelo.

Violeta Urtizberea

Blazer (Paula Cahen D´Anvers $565.000), boxer (Calvin Klein), medias (Adidas), mocasines (Oggi, $169.999). - Créditos: William Cano

Tu viejo es un creador de toda la vida, pero en el último año la está rompiendo con toda la movida de ¡FA!, llena estadios... ¿Cómo lo vivís vos? 

No, lo de llenar estadios no lo puedo creer. El otro día, cuando fue el último Movistar Arena, yo entré y bueno, por supuesto, llanto… Pero la verdad que tenía sentido. O sea, mi papá entró y estaba todo el Movistar Arena lleno y estaban “Mex, Mex, Mex”. A mí me emocionó. Pero sí, ese clima en mi casa se vivió siempre. Mi papá es re anfitrión, le encanta que haya mucha gente en su casa. Me dice: “vení a almorzar el domingo”. Dale. “¿Quiénes vienen?”, me dice. “No, yo, Lila y Juan”. “Me parece poco”. Él quiere que invite más. A mí me encanta que haya mucha gente también. Incluso mis amigas, eso que hablamos de la amistad, son muy amigas entre ellas, porque yo siempre voy juntando.

Sos “la amiga puente”.

Sí, soy re amiga puente, porque a mí me cuesta el uno a uno. Si tengo una confianza absoluta, que puedo estar así mirándonos las caras, que eso me pasa obviamente con un montón de amigas, ok… pero si no, es como, prefiero que seamos tres, cuatro. Como que hay algo que siento que yo lo doy todo, entonces si somos dos, me voy agotada. En cambio, así ya el otro puede tirar la energía para otro lado y yo en el medio me lavo los platos y hago otra cosa. A mí me hace mejor mentalmente. Y mi papá, bueno, en eso es el rey. Tampoco creo que le guste el uno a uno. Entonces sí, incluso mi papá se va a dormir la siesta con la gente en su casa. Eso lo hace mucho. Y duerme en paz.

Muy hermoso lo que está haciendo con Milo J, de unir generaciones...

Bueno, eso le re pasa a mi papá de toda la vida, a él le encanta la gente joven, es amigo de mis amigos también. Mi papá no quiere ver gente grande de su edad, le angustia. Ya se ve él como un viejo, o sea, es como un Drácula de la juventud. La verdad que hoy en día a mí también me pasa muchas veces eso, que si estoy con gente que quizás la edad le pegó un poco peor que a mí, me deprimen las conversaciones y prefiero estar con más la pendejada y que me cague de risa cualquier cosa.

¿Todavía no llegaste al novio colágeno?

No. Pero bueno, Juan es más chico que yo, dos años nomás. ¡Es un poquito colágeno!

Violeta Urtizberea

Polera, pantalón y saco de piel de camello (Max Mara), mocasines (Oggi, $169.999). - Créditos: William Cano

¿Vos sos celosa de Juan?

Ahora no. He sentido celos, miles de veces. Yo sé que es muy lindo y que es muy probable que quieran apretárselo. Pero bueno, yo confío en él, la verdad.

¿Nunca tuviste inseguridades, que a veces es cosa más de una?

Es que en general es así, y en general la que te da celos es la que te gusta a vos, para mí. ¿No? Como capaz que el otro te dice: “no, vos la ves hermosa”, y vos decís: “seguro gustás de ella”, y en realidad es otra persona que nada que ver. Sí, yo creo que uno re proyecta en eso. Por supuesto que millones de veces siento celos, pero no me ocupa la mente eso en general. No soy de fantasear con cosas que no están sucediendo. Si él se va de gira, no es que yo pienso qué estará haciendo. Sí lo tengo silenciado en Instagram, no veo sus historias, y eso lo hice una vez que se fue de gira hace muchísimo tiempo, y quizás las historias me generaban celos. “¿Qué es ese lugar donde está? ¿Quién está ahí atrás?”. Ahí empezaba como a ver cosas, entonces “ojos que no ven, corazón que no siente”. Bueno, yo soy así.

Te da un FOMO ahí también...

Ya empiezo a atar cabos, de “qué raro esto”. En cambio, si no veo, no siento celos. Entonces chau, silenciado. Lo hice intuitivamente. Mucha gente me dice: “ay, ¿por qué lo tenés silenciado?”. Bueno, pará, escuchá, no sé, es mi herramienta para no volverlo loco. Pero mucha gente tipo: “ay, ¿pero necesitás silenciarlo para no sentir celos?”. Bueno, no sé, amiga. Hago lo que puedo, hago lo que puedo.

Cada uno con las herramientas que puede...

Exacto, con esto estoy bien. Pero le tengo confianza a él. No te digo, obviamente, que nunca va a hacer nada, no tengo idea, no quiero saberlo, que nadie me lo informe, pero no siento por lo menos que sea un pajerto, ¿viste? Hay gente que te hace sentir eso. Eso no me lo hace sentir Juan.

Ahí sos un poco Lu Pedemonte también, como que preferís no saberlo. ¿O alguna vez tuviste que perdonar una infidelidad como ella?

No, no. Yo no reviso... Porque aparte las veces que tuve ganas de revisar, que por supuesto no me faltaron, pienso antes: “si encuentro, ¿qué hago?” ¿Me voy a tener que separar? ¿Me quiero separar? No, no… entonces no busco. Porque realmente, ¿qué hacés con eso después? ¿Cómo me saco eso de la cabeza? ¿Para qué buscar problemas donde no los hay? Ahora, si hay un problema, bueno, eso es otro tema, si aparece solo… pero yo buscarlo no, no.

Ahora estrenaste Envidiosa… ¿y cómo sigue el resto del año laboral? 

Después de Envidiosa”, se estrena El resto bien, de Daniel Burman, que protagonizo con Benjamín Vicuña. Y a fin de año se estrena Felicidades, la versión en cine de la obra de teatro, dirigida por Álex de la Iglesia y con un elencazo. 

Filmar con Álex de la Iglesia, no cualquiera…

No, nunca en mi vida se me hubiese cruzado por la cabeza. Yo no tengo esa fantasía de triunfar en Hollywood, esas cosas. Nunca en mi vida la tuve, no hablo inglés, viste, como cero. Para mí, aparte, amo el arte en mi país, me parece que es espectacular el teatro, el cine, todo. Entonces de golpe filmar con Álex de la Iglesia, que yo veía sus películas y me moría, y veía a Carmen Maura en La comunidad, me volvía loca. Todo eso fue muy increíble.

Violeta Urtizberea

Conjunto de ropa interior y jeans (Calvin Klein). - Créditos: William Cano

Mirá nuestra entrevista completa con Violeta por YouTube

Maquilló Antonella Barbato para estudio Frúmboli. 

Peinó Lucas Obredor para estudio Frúmboli. 

Asistentes de foto: Florencia Hwang y Samira Mai. 

Asistente de estilismo: Luna Mazzeo. 

Agradecemos a Chill Garden (@chillgarden.ba) por su colaboración en esta nota.  

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Euge Castagnino

Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Es fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.


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