
24 de marzo: Rotos corazones, el libro de Isabella Cosse que investiga la conexión entre amor y política en los setenta
A partir de entrevistas y archivos, la doctora en historia e investigadora de Conicet Isabella Cosse analiza la conexión entre el compromiso afectivo y político a 50 años del último Golpe de Estado.
21 de marzo de 2026 • 09:45

Graciela Valdueza y Fernando Villanueva, en un foto de recién casados. Ambos desaparecidos el 25 de marzo de 1976. Contratapa del libro de Isabella Cosse. - Créditos: Archivo de Verónica Villanueva
La investigadora de Conicet Isabella Cosse publicó Rotos corazones. Amor y política en los setenta (Siglo XXI). En su reciente libro, editado en vísperas de cumplirse los 50 años del último Golpe de Estado en la Argentina, parte de una idea potente: el amor como llave maestra para volver a los 70.
En esta entrevista con OHLALÁ!, la doctora en Historia, profesora de la Universidad Nacional de San Martín, quien tiene ya otros libros publicados sobre este tema, cuenta las razones por las que vuelve a esa etapa y su decisión de colocar en primer plano los afectos con relación a la política. “Quería entender qué lugar tuvieron el amor, el deseo, la atracción, en las praxis, estrategias e identidades políticas en las organizaciones de izquierda”, dice. “El compromiso afectivo y político estaban profundamente soldados”, sostiene y explica por qué esa soldadura era crucial para entender la época.
-¿Por qué escribiste este libro que relaciona la familia, el compromiso político y el amor revolucionario?
-Lo escribí para contribuir a comprender una época decisiva, un parteaguas, de la historia argentina. Sabemos muchísimo sobre esos años que, por su importancia histórica, configuran un pasado en constante discusión y tuvieron efectos económicos, políticos y sociales de gran importancia en las décadas siguientes. Me pareció que era posible, incluso necesario, revisitar esa etapa, colocando en primer plano a los afectos con relación a la política. Quería entender qué lugar tuvieron el amor, el deseo, la atracción, en las praxis, estrategias e identidades políticas en las organizaciones de izquierda que hegemonizaron la radicalización política y social de grandes contingentes de jóvenes en estado de revuelta. A medida que avancé, resultó ineludible incorporar a la lucha política en su conjunto, ocuparme de las organizaciones de derecha, de la confrontación y, luego, la represión estatal, que fue tan desigual y terminó tan trágicamente. De allí que el libro sea una historia de la generación militante, pero, a la vez, la trasvase. Es una historia sociocultural de lo político poniendo el foco en la izquierda revolucionaria y, también, un fresco de la época escrito para cualquiera que tenga interés en entender esa historia, esa tragedia.
-¿Qué punto de vista novedoso encontraste al ocuparte de esa relación entre el compromiso afectivo y el político?
-Encontré que el compromiso afectivo y político estaban profundamente soldados y que dicha soldadura era crucial para entender la época. Debo decir que a medida que lo escribía me convencía de que tal conexión es importante para entender cualquier movimiento político o social. No obstante, era clave entender qué singularidades adquirió en la izquierda revolucionaria. De hecho, el Che había sostenido, en 1965, en un texto importante, muy difundido, que el verdadero revolucionario estaba guiado por grandes sentimientos de amor. Él no hablaba del amor erótico, sino del amor al pueblo, a los “desheredados”, un sentimiento que él motorizó y expresó, que se nutría, por supuesto, a la matriz cristiana del proyecto emancipador del socialismo y la izquierda. Pero, en los años que siguieron, ese compromiso político amoroso con el pueblo se fraguó con el amor erótico, de pareja. Lo singular de la cultura de izquierda de los 70 es que entrelazó de un modo propio el amor al pueblo con el amor fraternal (a los compañeros) y el amor romántico y erótico. No había nada natural en esa conexión que, sin embargo, resultó obvia para estos jóvenes militantes y que no tenía nada de metafórica para ellos.
-¿Por qué decidiste sumar los versos de "Te quiero” de M. Benedetti para arrancar el libro?
-Esos versos expresaron de modo inmejorable la unión del amor de pareja y el compromiso político (“compañeros” era el término con el que se referían los integrantes de una pareja y, al mismo tiempo, se usaba para quienes integraban una misma fuerza política). El poema, que se conoció cantado por Nacha Guevara con musicalización de Alberto Favero, decía: “Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”. La música le dio una especial resonancia a esa elaboración porque crea paisajes emocionales que unen las vivencias con los deseos, en este caso el deseo de justicia y el deseo amoroso/erótico. Esa canción hoy es quizás la memoria sentimental de esa generación militante. Pero, entonces, esos versos se integraron a declaraciones, ensoñaciones, convicciones ideológicas y se anudaron con la lucha política.

Isabella Cosse, doctora en Historia, investigadora de Conicet y profesora de la Universidad Nacional de San Martín, autora de Rotos corazones (Siglo XXI) - Créditos: Gentileza de Tomás Crenzel
-¿Cómo fue la búsqueda documental de las historias que incluiste?
-Trabajé con muchos recursos diferentes. Revisé fuentes convencionales, como la prensa de las organizaciones de izquierda y los diarios y las revistas comerciales, que ofrecen recursos invaluables. Pero fue fundamental la posibilidad de reconstruir -de seguir en el tiempo y de armar series- lo que llamo trayectorias afectivas, es decir, los vínculos en sí mismos (los noviazgos, amores platónicos, uniones efímeras y para toda la vida) para eso me nutrí de la vastedad de memorias, recuerdos, testimonios, muchos dados a la justicia, que se produjeron en los últimos años al calor de la convicción que es necesario conocer esta época lo que movió la expansión de los archivos, la ampliación del acceso que, lamentablemente, muchos están en riesgo hoy por falta de recursos y, en algunos casos, se desmantelaron equipos completos de archivistas. Fue especialmente importante el archivo de Memoria Abierta, con más de mil doscientos testimonios, reconocido por su valor mundialmente. También realicé decenas de entrevistas con quienes militaron en esas organizaciones que se sumaron a las muchas entrevistas realizadas con anterioridad a jóvenes con diferentes posicionamientos e implicaciones políticas. Estoy muy agradecida con cada una de las personas que aceptó conversar sobre un pasado doloroso cuyo recuerdo, justamente, está unido a las pérdidas irreparables y a los efectos imperecederos, que se reactualizan en cada generación, de la violencia represiva, del secuestro y la desaparición ejercida por el terrorismo de Estado.
-¿Qué concepto de amor tomaste de base para el análisis?
-Tu pregunta toca una cuestión sobre la que volví una y otra vez. Diría que, a contrapelo de muchos estudios, evité partir de definiciones cerradas y fui tomando decisiones conceptuales en un ir y venir entre la teoría y la evidencia, mi reconstrucción. En ese ir y venir, asumí, quizás de forma radical, que no existe un único significado del amor. Me reafirmé en esta decisión releyendo a Roland Barthes (Fragmentos de un discurso amoroso, un libro muy particular, sugerente), que revela que el amor abre una exploración siempre provisoria e inacabada. Pienso al amor como un sentimiento voluble en su expresión y que implica múltiples elaboraciones culturales, que se proyecta con modulaciones propias sobre diferentes vínculos, sujetos, individuales y colectivos. Me fue útil, también, Francesco Alberoni, aunque tengo discrepancias con muchos de sus presupuestos, porque concibe a “eros” como una energía, que impone giros vitales, tentativas de cambio, que exige el riesgo y, a la vez, que mueve a la fusión y hace al otro insustituible. Mis discrepancias están en el carácter “natural” que él presupone de esas fuerzas, que, para mí, por el contrario, es imprescindible “desnaturalizar”, enraizarlas histórica y socialmente. Pensé, así, el amor en su polisemia, en el cruce de elaboraciones, para comprender lo político. Y, para eso, fue clave concebir al deseo en términos no sólo de lo libidinal sino en relación con lo colectivo, al momento breve pero decisivo, imprevisible, dominado por el anhelo de cambiarlo todo, como han planteado Verónica Gago y Georges Didi- Huberman. Ese anhelo de cambio, de una transformación emancipadora, definió esa época.
-Hablás en un momento de vínculos efímeros, pero, sin embargo, de gran significación afectiva. ¿Podrías contarnos a qué te referís?
-Los años setenta son un tiempo vertiginoso, en el que los acontecimientos políticos se sucedían uno tras otro, con gran dinamismo, cambiando con cada jugada de una fuerza política cada contexto, que surgía de las disputas, en la lucha y la negociación, lo que acontecería luego. El futuro siempre es impredecible, el tiempo es siempre abierto, pero en estos años se nota con especial claridad que nada estaba prefijado de antemano: la contingencia del proceso histórico se observa de forma prístina. Y, al compás de esa vertiginosidad, las vidas sentimentales estuvieron signadas de igual intensidad. Los amores y desamores de militantes estuvieron atravesados por esa doble vertiginosidad de quienes eran, recordémoslo, en su gran mayoría jóvenes, que estaban descubriendo la política y el amor al mismo tiempo. En ese tiempo vertiginoso con frecuencia las uniones podían ser provisorias, en función de los avatares que abría la propia lucha, las condiciones de clandestinidad, los riegos y eso implicó que muchos enamoramientos, uniones fortísimas, dejaran una huella indeleble en quienes lo vivieron más allá de la duración de los vínculos, algo que, por cierto, puede sucedernos a cualquiera. Pero, en este caso, muchas veces, la relación se frustró por sobrevino la tragedia y la muerte o la desaparición impidió el reencuentro.

Rotos corazones. Amor y política en los setenta, de Isabella Cosse (Siglo XXI) - Créditos: Siglo XXI
-Escribís en tu libro que "el placer se convertía en un arma en la lucha revolucionaria". ¿Nos contás brevemente por qué?
-Quisiera decir que esas organizaciones de izquierda, que se concebían a la vanguardia política de la revolución, no se proclamaron a favor de la revolución sexual a la que creían estrategias del imperialismo. Sin embargo, las prácticas en sí mismas (incluso en las reflexiones de algunos y algunas militantes) muestran la enorme significación del erotismo, el placer, el deseo no sólo en su sentido libidinal, sino también, en el sentido de la potencia del deseo para el cambio en todos los órdenes. De allí que, en el contexto de la lucha, de enfrentamiento y, especialmente, de la represión ilegal, feroz, clandestina, el placer se volvió una forma de convocar a la vida, de enfrentar los riesgos y establecer un vínculo en el que afirmarse. Una militante recordaba que los últimos quince días de su vida con su pareja hacían el amor en forma desesperada, como medio de pelear contra la muerte. El erotismo se convertía en un arma, entonces, porque convocaba a la vida en medio del riesgo de muerte, sino también porque el placer confrontaba con la decisión de las fuerzas represivas de aniquilar a los cuerpos militantes. Se volvía, así, el sostén emocional. También quisiera decir que sucedió lo contrario: la tensión de los momentos difíciles, de riesgo extremo, abrió conflictos, distanció a muchas parejas que, por cierto, en muchos casos fueron separadas por la represión, la prisión, la desaparición.
-¿Podrías contarnos qué pudiste estudiar de los efectos del terror en los vínculos amorosos?
-Las Fuerzas Armadas, en su plan de exterminio, desplegaron diferentes estrategias, entre las cuales se contó la perpetración de crímenes aberrantes que ningún ser humano –ni ningún ser vivo– merece recibir, según las nociones de bien y de derechos elementales, y entre esas estrategias, estuvo la aplicación de amenazas y tormentos a las personas amadas. Fue una instrumentalización siniestra de los vínculos afectivos, que resulta sustancial para comprender el carácter del poder represivo en Argentina, y tuvo efectos profundos, indelebles en los vínculos amorosos (no sólo entre parejas, sino, también, en relación con los hijos, los familiares, los compañeros). Dicha estrategia abrió situaciones de extrema tensión, dilemáticas, entre los y las militantes en vistas a proteger a esos seres queridos -hijos e hijas, madres y padres, parejas-; exigió gestos decisivos para salvar, resguardar, a quienes estaban en riesgo por parte de personas próximas (amigos, familiares, incluso, vecinos) aún sin tener compromiso político, pero, también, produjo heridas profundas cuando, en diferentes situaciones, esos gestos no se produjeron. No puedo dejar de notar, también, que la respuesta al terror creó nuevos lazos entre los familiares que buscaban a las víctimas y crearon lazos que concibieron un parentesco surgido del amor y la desesperación compartida. El terror abrió desgarramientos indelebles que aún están presentes: muchas familias no han podido hacer el duelo porque la represión fue tan abyecta que les negó la posibilidad de enterrar a sus seres queridos, sino porque también segó la vida de quienes sobrevivieron, de la generación de las madres y los padres y de la generación siguiente, muchos de los cuales fueron bebés, niños y niñas que sufrieron en sus propios cuerpos la violencia represiva que a la vez afectó y afecta de diferentes modos a las generaciones siguientes. Agregaría que los efectos del terror nos interpelan al conjunto de la sociedad, a la capacidad de estremecernos por la violencia feroz y el despojo de los más mínimos derechos que hacen a los seres humanos.
-¿Cómo dirías que dialoga la teoría feminista con esta investigación?
-La teoría feminista ha sido clave. Diría que hay tres inspiraciones de mucha importancia. La primera es la idea de que lo personal es político, una noción cardinal de la teoría feminista que, a veces, en su amplia difusión, puede haberse visto vaciada de sentido. El libro parte y contribuye a entender ese carácter político de lo personal en los años sesenta y setenta y lo hace desde América latina. Asume como punto de partida que la articulación de las cuestiones íntimas, privadas, con las públicas y sociales, no son compartimientos estancos y que esa conexión es un punto de partida relevante y renovadora. La segunda es reintroducir en toda su potencia la centralidad del género en la política y, a la vez, las batallas políticas en torno al género. Sostengo, por ejemplo, que la desigualdad de género fue un campo disputado, de conflictos y luchas, dentro de las organizaciones. La tercera inspiración proviene de la noción de precariedad de Judith Butler, que en el libro me ayudan a entender que las vidas de los y las militantes (como de muchos y muchas personas sin participación orgánica en las organizaciones revolucionarias, porque la represión de ningún modo se restringió a ellas) se volvieron precarias al quedar expuestas al daño, la muerte y el dolor sin que quienes lo vivían pudieran controlar o enfrentar tal posibilidad.
-¿Por qué te parece importante mantener viva la memoria cada 24 de marzo, en especial a 50 años del último Golpe de Estado?
-El pasado nos configura en lo que somos y en lo que queremos para el futuro. Las conmemoraciones son instancias de gran significación cívica y actualizan los sentidos que le otorgamos a la historia en el presente. Este 24 de marzo es una oportunidad para afirmarnos, como sociedad, al rechazar la crueldad inhumana hecha sistema de exterminio ejecutado desde el poder, para comprometernos con el respeto y la defensa de la vida y los derechos inalienables de las personas. Es, también, una oportunidad para volver sobre esas historias, y compartirlas con las nuevas generaciones. Y, no menos importante, es un momento para reflexionar, discutir, preguntarnos cómo fue posible el terrorismo de Estado y cómo hacer para conjurar cualquier posibilidad de que vuelva a producirse una tragedia semejante.

Verónica Dema Editora de Actualidad en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.
SEGUIR LEYENDO


Dolores: la novela histórica inspirada en una historia real sobre inmigración
por Redacción OHLALÁ!

Una novela sobre la infancia herida en Los pájaros de la tristeza
por Verónica Dema

Camila Vazquez: “Cruza”, la novela nacida de un sueño que desafía la identidad
por Verónica Dema

“Cumbres borrascosas”: 5 datos de Emily Brontë que quizás no conocías
por Redacción OHLALÁ!




