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A Knight of the Seven Kingdoms: cómo el vestuario reconstruye el Westeros previo a Game of Thrones

Ambientada más de un siglo antes de Game of Thrones, A Knight of the Seven Kingdoms construye su mundo desde el detalle. El vestuario es clave para contar esta historia más humana y desde los márgenes.


A Knight of the Seven Kingdoms está disponible de HBO Max.

A Knight of the Seven Kingdoms está disponible de HBO Max. - Créditos: HBO Max



En A Knight of the Seven Kingdoms no hay dragones sobrevolando el cielo ni reyes disputando el Trono de Hierro. Hay otra cosa: medio en mood El Quijote de la Mancha, haycaminos polvorientos, armaduras gastadas, ropa remendada y personajes que miran el mundo desde abajo. Ambientada más de cien años antes de Game of Thrones, la serie elige contar Westeros desde un lugar más íntimo y humano. Y en esa decisión, el vestuario no acompaña la historia: la cuenta.

La responsable de construir ese universo desde la ropa es Lorna Marie Mugan, diseñadora de vestuario que se sumó al proyecto pocos meses antes del inicio del rodaje. Aunque nunca había trabajado en ninguna de las series del mundo Game of Thrones, el desafío la atrapó de inmediato. “Me interesó el oficio, la artesanía detrás de todo”, explica. Antes de arrancar, visitó el Game of Thrones Studio Tour en Irlanda del Norte y quedó fascinada por el nivel de detalle y el trabajo manual de los trajes. Ese impacto inicial terminó marcando el espíritu de toda la serie.

Peter Claffey interpreta a Ser Duncan the Tall.

Peter Claffey interpreta a Ser Duncan the Tall. - Créditos: HBO Max

Un mundo nuevo, incluso para quien lo diseña

Para Mugan, A Knight of the Seven Kingdoms fue territorio desconocido. Nunca había diseñado armaduras y, de pronto, se encontraba frente a la producción más grande de su carrera: más de 100 personas en su equipo y un proceso de construcción de armaduras que llevó 16 semanas. Aprender, investigar y animarse fue parte del recorrido.

Su forma de trabajar parte siempre del mismo lugar. Primero lee el guion como una historia, sin pensar en prendas concretas. Necesita creer en los personajes, imaginarlos, dejar que aparezcan colores, texturas y formas casi de manera intuitiva. “Si leo pensando ‘abrigo acá, sombrero allá’, mato el proceso”, dice. Esos primeros “sueños despiertos” suelen volver al final del camino creativo: muchas veces, la idea inicial es la que termina quedándose.

Peter Claffey como Ser Duncan the Tall y Dexter Sol Ansell como Aegon Targaryen

Peter Claffey como Ser Duncan the Tall y Dexter Sol Ansell como Aegon Targaryen - Créditos: HBO Max

Dunk y Egg: vestir a los que no tienen nada

Lo que más la atrapó de los guiones fue la simpleza de los personajes. Dunk (Peter Claffey) es vulnerable, torpe, profundamente humano. Egg (Dexter Sol Ansell), en cambio, es joven pero sorprendentemente despierto, con una inteligencia y una forma de hablar que muchas veces dejan a Dunk descolocado. No son nobles ni héroes legendarios: son dos outsiders observando el poder desde los márgenes.

Eso se refleja de lleno en el vestuario. Dunk no tiene pasado, no tiene casa, no tiene heráldica. Mientras el resto de los caballeros luce colores y símbolos familiares, él viste tonos apagados, casi fundidos con el paisaje duro en el que creció. Ropa gastada, remendada, sin adornos. Son, básicamente, los harapos que usó durante años viajando con Ser Arlan. A medida que el personaje crece, su armadura se vuelve más firme. Y hacia el final aparece el azul: por primera vez, Dunk tiene un color propio. Ya no es nadie.

Egg, en cambio, vive camuflado. Su ropa es robada o encontrada, pensada para no llamar la atención. Aun así, se filtran pequeños gestos de elegancia —spoiler: sigue siendo un príncipe—. Cuando finalmente aparece con su vestimenta real, el contraste es total: líneas limpias, porte, refinamiento.

A Knight of the Seven Kingdoms es una adaptación de Tales of Dunk and Egg.

A Knight of the Seven Kingdoms es una adaptación de Tales of Dunk and Egg.  - Créditos: HBO Max

Tres elementos claves para entender su acercamiento

  • Un Westeros más antiguo. Uno de los mayores desafíos fue dialogar con el legado visual de Game of Thrones sin repetirlo. Las casas que ya habían aparecido mantienen sus sigilos y colores, pero la intención fue dejar claro que estamos en otra época. Las siluetas cambian, la moda evoluciona, las armaduras también. Donde antes había prendas más cortas, ahora aparecen líneas largas y estructuras más rústicas. Todo remite a un Westeros anterior, menos sofisticado, más áspero.
  • El torneo como fiesta. El torneo funciona como un gran punto de encuentro social: casas de todo Westeros reunidas en un momento de paz. Para Mugan, es “el Glastonbury de la temporada”: un festival para mostrarse, divertirse y ostentar. Todos llegan con ganas de ser vistos, salvo los Targaryen. Ellos están ahí por obligación, cansados, algo hastiados del viaje y del deber. Esa desgana se refleja en su vestuario cotidiano. Recién cuando se colocan la armadura del torneo aparece el brillo y el poder que no pueden ocultar.
  • Punk medieval y armaduras posibles: Entre los personajes que más disfrutó vestir están los Baratheon, por sus siluetas marcadas, y Aerion (Finn Bennett), una figura casi punk dentro del universo medieval. Su vestuario es deliberadamente descuidado: una cota de malla sobre un manto, sin intención de impresionar. No le importa. Su verdadera personalidad aparece en la armadura, más provocadora y anárquica.
La construcción de las armaduras llevó 16 semanas y requirió el trabajo de un equipo de más de 100 personas

La construcción de las armaduras llevó 16 semanas y requirió el trabajo de un equipo de más de 100 personas - Créditos: HBO Max

Todas las armaduras nacieron de bocetos hechos a mano. Mugan dibuja todo de forma simple, casi como garabatos, y confió en el trabajo del armero Simon Brindle, con experiencia previa en Game of Thrones, para convertir esas ideas en piezas funcionales. El resultado fue una armadura liviana, pensada para que los actores pudieran moverse con libertad. Ver armaduras reales la impactó: pesadas, rígidas, casi imposibles de imaginar en plena acción.

En A Knight of the Seven Kingdoms, el vestuario no es solo estética. Es identidad, recorrido y relato. Una manera silenciosa pero poderosa de contar que, en Westeros, a veces no tener un escudo dice mucho más que llevar uno.

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Sole Venesio

Sole Venesio Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y docente (UBA). Trabajó en LA NACION desde el 2010 hasta el 2024. Fan absoluta del mundo de la cultura, es una seriéfila empedernida y nuestra gurú de los estrenos en la pantalla chica.


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