
La llegada de un nuevo bebé: cómo cambia la familia y qué pasa con los hermanos mayores
La llegada de un nuevo integrante transforma por completo la dinámica familiar. Qué sienten madres, padres y hermanos mayores, y cómo acompañar emocionalmente este cambio.
7 de mayo de 2026 • 14:16

La llegada de un nuevo bebé: cómo cambia la familia y qué pasa con los hermanos mayores - Créditos: Getty
Cuando viene en camino un nuevo bebé solemos poner el foco en la llegada del hermanito, siendo una perspectiva parcial del real cambio que supone la llegada de un nuevo integrante a la familia.
Pero a nosotros, los adultos: ¿Qué nos pasa? No es sólo un hermanito que vendrá, será también un nuevo hijo que se sumará a la dinámica familiar.
Para las madres y padres
Aún pudiendo ser una noticia feliz, aparecen emociones, miedos y síntomas. Cada situación por supuesto es única, y las experiencias personales previas influyen en cómo se vive en el fuero interno de cada una.
Muchas mujeres suelen convivir con preocupaciones sobre cómo adaptarán su vida laboral a su nueva situación, sobre cómo lograrán ser madre de 2 (o más), sobre cómo transitarán este nuevo puerperio y sobre cómo harán para ‘dividirse’ cuando las necesiten en todas partes al mismo tiempo.
El hombre también se enfrenta a nuevos desafíos: tendrá que hacer malabares con las cortas licencias de paternidad que rigen en Argentina, deberá reaprender a acompañar un nuevo puerperio y, principalmente, sostener.
Con la llegada de un nuevo integrante se mueven muchas cosas: lugares, tiempos, cuerpos, emociones y expectativas. Por eso, es importante habilitar nuestros sentimientos.
Muchas veces nos vemos atrapadas por el mito de la ‘supermamá’ que todo lo puede, pero no es más que una trampa de autoexigencia. No tenemos que tener todo bajo control.
Para los hermanos y las hermanas mayores
¿Estás contenta de que vas a tener un nuevo hermanito? ¿Vas a ser un buen hermano mayor? ¿Los vas a cuidar a tu hermanito?
Los hermanos y hermanas mayores suelen sufrir el peso de la mirada ajena y estar sujetos a evaluación sobre un vínculo futuro que aún no existe. El sentimiento de hermandad no aparece de un día para el otro, ni porque los adultos lo nombremos. Se construye con tiempo, experiencia y acompañamiento.
No les preguntemos si quieren un hermanito, porque no es una decisión que dependa de él. Tampoco esperemos amor, entusiasmo o alegría inmediata, por parte de los niños. Lo cierto es que pueden convivir diversas emociones como amor, curiosidad, enojo, miedo y confusión.
Aquello que reconocemos como “celos”, en realidad reflejan una necesidad de amor y atención. Reclaman justamente lo que nosotros tenemos miedo de dejar de darle.
Por todo esto, te recomendamos cambiar el “se viene un hermanito” por “hay un bebé en la panza”, por más que parezca tan solo una diferencia semántica, la manera de comunicarlo puede alivianar las expectativas que ponemos sobre los más chiquitos.
Si te preguntás cuándo es el momento ideal para comunicarlo, ellos muchas veces lo perciben incluso antes que nosotros, por eso te sugerimos que:
– no lo ocultes
– des espacio a preguntas
– no esperes una reacción ideal
– no se vuelvan monotemáticos
Es esperable que pidan más upa, reclamen el uso del chupete, necesiten volver a usar pañal, se hagan pis en la cama o hablen como bebés. Es importante validarlos y ayudarlos a poner en palabras lo que necesitan expresar.
La llegada de un nuevo integrante no transforma solo un vínculo…transforma a toda la familia.
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