
Cómo hablar de salud sexual con adolescentes: claves para acompañar sin incomodar
Hablar de sexualidad con adolescentes sigue siendo incómodo para muchas familias, pero el silencio no protege: cómo acompañar con información, confianza y sin tabúes en una etapa clave.
6 de abril de 2026 • 15:24

Cómo hablar de salud sexual con adolescentes: claves para acompañar sin incomodar. - Créditos: Getty
Por vergüenza, mandatos sociales o por falta de conocimiento, hablar de salud sexual con adolescentes sigue siendo un desafío para muchas familias. Pero es, justamente, en esta etapa cuando se necesita de decisiones y acompañamiento adulto más que nunca, dejando expuesto que el silencio no es una alternativa posible para protegerlos. Los adultos tenemos un rol clave acompañándolos a través de brindarles confianza e información veraz.
Muchas veces, frases que irrumpen en la vida cotidiana nos colocan frente a un escenario para el que muchas veces no nos sentimos preparados. “Mamá, tengo novia” es una de ellas porque no solo nos marca la aparición de una nueva etapa en la vida de nuestros hijos, sino también todas las dudas, temores e inseguridades que como adultos podemos tener a la hora de acompañarlos, especialmente cuando entendemos que ya están transitando la adolescencia.
En la adolescencia es clave que todos estos temas comiencen a hablarse con mayor claridad, porque el interés por los vínculos, el propio cuerpo y la intimidad comienza a tomar otro lugar, mucho más concreto, más cercano y también más real.
En una de las consultas que recibí hace poco, una mamá me decía que su hijo de 16 años había comenzado una relación, ella sentía la necesidad de hablarle sobre el uso del preservativo y el cuidado, pero al mismo tiempo no encontraba la forma de hacerlo sin generar incomodidad, sin invadir su espacio o sin decir algo que pudiera alejarlo. En ese intento de cuidar los límites de la intimidad de su hijo, sin querer, también aparecía el silencio por no contar con las herramientas necesarias.
Es fundamental comprender que, en la adolescencia, el acompañamiento no puede quedar en la suposición de que “ya lo sabe” o “lo va a aprender solo”, porque hablar de salud sexual en esta etapa no incentiva prácticas, sino que brinda herramientas concretas para el cuidado, la toma de decisiones y la prevención.
Porque cuando estos temas no se abordan en casa, la información llega igual, pero muchas veces con contenidos errados o poco claros a través de internet o de amistades, dejando a los adolescentes más expuestos frente a situaciones para las que todavía están aprendiendo a prepararse.
La adolescencia es el momento, no después
No se trata de hablar “demasiado temprano”, sino de no llegar tarde. Cuando los chicos llegan a la adolescencia, el diálogo sobre el cuidado —incluyendo el uso del preservativo, la prevención de infecciones de transmisión sexual y los embarazos no planificados— deja de ser una posibilidad y pasa a ser una necesidad.
Y en este contexto, también es fundamental revisar una idea muy instalada: la responsabilidad no recae únicamente en el varón (en el caso de decidir usar preservativo y, además, hacerlo de la manera correcta), porque las adolescentes también necesitan contar con información, preparación y recursos para poder cuidarse, decidir y conocer su propio cuerpo.
Durante mucho tiempo, la educación en salud sexual estuvo atravesada por mensajes basados en el miedo o la advertencia, pero eso cambió con la Ley de Educación Sexual (ESI). Hablar de respeto por el propio cuerpo, desde el conocimiento, desde el consentimiento y desde el bienestar en los vínculos permite construir una relación más sana con la intimidad, donde el cuidado no nace del temor, sino de la comprensión.
Cuando hablar con las hijas también incomoda
En la práctica aparece algo que no siempre se dice, pero que se siente: a muchas familias les cuesta más hablar de estos temas con sus hijas mujeres que con los varones. La razón es cultural: Durante muchísimos años el cuerpo femenino estuvo silenciado, y tuvo que cargar con muchos más mandatos y tabúes.
Es comprensible que nombrar la vulva, hablar del cuidado o del propio reconocimiento corporal, todavía genere incomodidad, pero hay que saber que, sin querer, esa inseguridad o vergüenza se transmite. Por eso, abrir espacios donde las adolescentes puedan conocer su anatomía, comprender su cuerpo y hacer preguntas sin vergüenza es fundamental.
En nuestro Museo de la Vulva, ese espacio existe y es profundamente transformador: muchas familias se acercan con sus hijas adolescentes con el deseo de que puedan aprender y conectar con su propio cuerpo desde un lugar de respeto y conocimiento. Porque conocerse no es un lujo ni algo opcional; es un derecho, Y cuando se acompaña desde la familia, se convierte en una herramienta de cuidado, de autonomía y de bienestar.
Hablar de menstruación, de cambios corporales, de fertilidad y de cuidado no debería aparecer desde el miedo o la urgencia, sino como parte de un proceso que acompaña el crecimiento, permitiendo que los adolescentes comprendan lo que les sucede y puedan actuar con mayor conciencia.
Buena información y un adulto disponible
Los adolescentes no necesitan padres perfectos ni discursos técnicos, sino adultos que puedan sostener una conversación sin juicio, que escuchen, que habiliten y que estén presentes incluso cuando el tema incomoda.
Cuando un adolescente siente que puede hablar con su familia: se informa mejor, se cuida más y no queda solo frente a decisiones importantes
Para quienes sienten que no saben por dónde empezar, a veces con una simple frase alcanza (y puede marcar una profunda diferencia): “Quiero que sepas que, si en algún momento necesitas hablar de esto, estoy”.
Hablar de salud sexual en la adolescencia responde a un proceso de acompañamiento que se construye en el tiempo, en los vínculos y en la confianza. No hay que olvidar que el silencio no protege: cuando no hablamos en casa, la información igual llega, pero no siempre desde lugares que cuidan.
Coordenadas:
En el ciclo de charlas por los 20 años de la ESI, el Museo de la Vulva es sede de “La otra clase”, un espacio de conversación organizado por la psicóloga Mariela Verzero y co-conducido por Antonella Ance. En este primer encuentro reciben a Laura Azcurra, actriz e integrante de Actrices Argentinas, para recorrer su experiencia artística y militante vinculada a la defensa de los derechos sexuales junto a su participación en el movimiento Ni Una Menos.
7 de abril a las 16. Entrada gratuita con cupos limitados. Museo de la Vulva: Pasaje Santa Rosa 5041. Palermo Soho, CABA.
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