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¿Somos multitasking por naturaleza o por mandato? La presión invisible que cargan las mujeres

La idea de la mujer capaz de hacer todo al mismo tiempo se instaló como una virtud. Especialistas advierten que detrás de esa expectativa también hay sobrecarga mental, estrés y una distribución desigual de las tareas.


Mujer multitasking

¿Somos multitasking por naturaleza o por mandato? La presión invisible que cargan las mujeres - Créditos: Getty



Ser una madre presente, una pareja disponible y una profesional exitosa al mismo tiempo. En muchas historias de mujeres, estos roles aparecen como un ideal posible —y hasta esperado—. La capacidad de “hacer todo” suele celebrarse como una fortaleza, pero detrás de esa habilidad también crecen el agotamiento, la autoexigencia y la culpa.

La idea de la mujer multitasking se instaló durante años como un rasgo casi natural del género femenino. Sin embargo, cada vez más especialistas invitan a revisar esa premisa: ¿se trata realmente de una capacidad innata o de una exigencia cultural que se fue naturalizando con el tiempo?

La carga mental que no se ve

El multitasking —o multitarea— se define como la capacidad de realizar varias actividades al mismo tiempo o alternar rápidamente entre ellas. Aunque puede parecer una forma de ganar eficiencia, distintos estudios muestran que el cerebro humano no procesa múltiples tareas de forma simultánea: en realidad, va cambiando el foco de atención de una a otra.

La psicóloga Sol Rivera explica que, en muchos casos, lo más agotador no es la acción en sí misma sino todo lo que implica planificarla. “La carga mental no tiene que ver con la cantidad de tareas que hacemos, sino con el pensamiento que conllevan esas tareas y su planificación. Todo ese tiempo que usamos para pensar en ellas genera mucha más carga que la actividad en sí”, señala.

Ese listado invisible incluye desde organizar turnos médicos o actividades escolares hasta recordar compras, reuniones o compromisos familiares. Son tareas que muchas veces no se ven, pero que ocupan tiempo, energía y atención.

¿Existe una habilidad femenina para hacer varias cosas a la vez?

Algunas investigaciones sugieren diferencias en la forma en que se conectan ciertas áreas del cerebro. Un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania analizó las conexiones cerebrales de 521 mujeres y 428 hombres entre los 8 y los 22 años mediante resonancia magnética.

Los resultados mostraron que los varones presentan conexiones más fuertes en áreas vinculadas a la percepción y la coordinación motora, mientras que en las mujeres la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales aparece más desarrollada, lo que podría favorecer una combinación de procesos analíticos e intuitivos.

Para Rivera, más allá de las diferencias biológicas, hay un componente cultural clave: “Las mujeres suelen asumir más responsabilidades domésticas y emocionales, y desarrollan mayor capacidad de anticipación y organización. La cultura, de alguna manera, les enseñó que tienen que poder con todo, y es una habilidad que muchas entrenan desde la infancia”.

Cuando la multitarea impacta en la concentración

El problema aparece cuando esa capacidad se transforma en una exigencia permanente. Para que una tarea se realice con eficacia, la atención sostenida es fundamental. Cuando el foco cambia constantemente entre diferentes actividades, el cerebro necesita más energía para adaptarse.

“Es importante entender que el cerebro humano no está diseñado para el multitasking”, explica Rivera. “Podemos alternar entre tareas, pero no concentrarnos plenamente en varias a la vez. Esa dinámica genera fatiga cognitiva, estrés y agotamiento”.

Lejos de aumentar la productividad, el resultado suele ser el contrario: más cansancio y menor calidad en lo que hacemos.

La “supermujer” y la sobrecarga naturalizada

Para Laura Graciela Ríos, contadora, consultora financiera y coach ontológica, la conversación sobre multitarea también debería incluir una mirada social. En muchas ocasiones, la idea de la mujer capaz de hacerlo todo encubre una distribución desigual de responsabilidades.

“Durante años se instaló la idea de que hacer diez cosas a la vez era una virtud superior. Pero esa eficiencia muchas veces esconde una carga mental desigual”, explica.

Los datos acompañan esa percepción. Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INDEC, las mujeres dedican casi el doble de horas que los varones al trabajo no remunerado, especialmente en tareas domésticas y de cuidado.

La Organización Internacional del Trabajo también advierte que esta brecha persiste incluso cuando la mujer es la principal proveedora económica del hogar.

En la práctica, eso significa sostener múltiples listas simultáneas: la agenda laboral, las tareas domésticas, la organización familiar y los cuidados. “Lo que no se conversa se naturaliza, y lo que se naturaliza deja de cuestionarse”, señala Ríos.

Del ideal de “poder con todo” al equilibrio

Desde el coaching ontológico, Ríos propone correr el foco de la idea de “supermujer” hacia un modelo más equilibrado. El desafío no es demostrar que se puede con todo, sino revisar cómo se distribuyen las responsabilidades y qué acuerdos se construyen en los hogares y en los espacios de trabajo.

“Ser profesional y madre no es una contradicción, es una posibilidad poderosa. Pero necesita redes de apoyo y acuerdos claros”, sostiene.

En ese sentido, plantea que el cambio no se logra solamente con buena voluntad, sino con decisiones concretas: pasar de la “ayuda” ocasional a la corresponsabilidad real, expresar pedidos con claridad y aprender a poner límites sin culpa.

Cómo reducir la sobrecarga mental

Revisar el ideal de la mujer multitasking también implica modificar hábitos cotidianos y expectativas personales. Algunas claves que señalan las especialistas:

Delegar tareas: aceptar que no todo depende de una sola persona y pedir ayuda cuando es necesario.

Definir prioridades: planificar el día con foco en lo verdaderamente importante y evitar la exigencia de resolver todo al mismo tiempo.

Poner límites: aprender a decir que no y reconocer cuándo es momento de parar.

Un nuevo liderazgo femenino

Cada vez más mujeres cuestionan el modelo que las empuja a multiplicarse entre roles sin descanso. La conversación, que cobra especial relevancia en fechas como el 8 de marzo, invita a pensar qué tipo de equilibrio se quiere construir.

“Ser multitasking puede ser una capacidad”, concluye Ríos. “Pero vivir agotadas no debería ser el precio de nuestra libertad ni de nuestro desarrollo personal y profesional”.
 

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