
Fiestas reales, no perfectas: maternidad, mandatos y bienestar emocional
Diciembre intensifica presiones y culpas, en especial para quienes maternan. Un texto que invita a revisar expectativas, escuchar el cuerpo y validar otras maneras de habitar las fiestas sin responder a ideales imposibles.
25 de diciembre de 2025 • 23:18

Vivir las fiestas en paz. - Créditos: Getty
Cuando llegan las fiestas aparece algo medio inevitable. La sensación de que hay que juntarse, hay que festejar, hay que estar. Aunque una no tenga demasiadas ganas, aunque el cuerpo y la cabeza pidan otra cosa. A los encuentros de fin de año suelen sumarse mandatos, presiones, expectativas familiares y, para muchas madres, una carga mental que ya viene alta desde hace tiempo.
Las fiestas no son neutras. Incluso antes de la maternidad, suelen traer consigo situaciones personales que cada una atraviesa, vínculos que cambiaron o se rompieron, personas que no están, recuerdos que pesan. También aparecen expectativas que nadie dice en voz alta, pero que igualmente están presentes y ordenan lo que “debería” suceder.
A veces una quisiera pensar que es solo un día más. Sin embargo, las presiones aparecen igual:
¿No lo vamos a pasar todos juntos como siempre?
¿Y si es la última Navidad de la abuela?
¿Y si se ofenden?
A eso se le suman los mandatos internos. Los “cómo no voy a…”, los “debería…”. Y como si fuera poco, diciembre: cansancio acumulado, mil pendientes, la cabeza saturada y la exigencia de llegar a todo.
Cuando además se está atravesando el puerperio, este escenario puede volverse especialmente desafiante. Fin de año suele ser caótico de por sí, pero con un bebé pequeño la vivencia puede intensificarse. La duda y la culpa atraviesan muchas decisiones, y la de dónde pasar las fiestas no es la excepción.
Aparecen miedos concretos: a pasar la noche dando la teta en el cuarto de al lado, a los comentarios, al manual de instrucciones ajenas, a manejar tarde, a que el bebé se sobreestimule. Aunque desde afuera pueda parecer que “no es tan grave”, todo junto pesa. Incluso cuando la crianza está repartida, muchas veces es la madre quien termina sosteniendo las desregulaciones, especialmente cuando el bebé es muy pequeño.
Tal vez este año no se trate de lograr la Navidad perfecta ni de cumplir con todo. Tal vez se trate de bajar la exigencia, tanto la propia como la ajena, y revisar qué es lo más cuidado posible para quienes están atravesando este momento vital.
Desde HAND recomendamos considerar estas alternativas válidas a los festejos clásicos, que también son formas legítimas de habitar las fiestas:
– Quedarse en casa sin culpa.
– Decir que no.
– Cambiar planes que ya no resultan posibles o deseables.
– Proponer festejar de día el 25 y el 1.
– Brindar a las 8 o 9, o en algún horario antes de las 12.
Tu bebé aún es bebé. No entiende el sentido de esperar a las 12 ni las tradiciones asociadas a esa hora. Pero sí entiende de calma, de brazos, y de previsibilidad. Anticipar, organizarse y respetar esos ritmos no es exagerar: es cuidar.
Consejo: también contarles a ellos lo que va a pasar es una anticipación que los ayuda a adaptarse a los cambios de rutina si los hay.
No hay una decisión perfecta ni una única manera correcta de atravesar las fiestas. Lo que elijas hacer, en función de tus posibilidades y necesidades, está bien.
Desde HAND, te deseamos unas fiestas felices.
De las reales.
De las posibles.
De las que priorizan el bienestar por sobre la perfección.
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